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A lo largo de los siglos XIX y XX, nuevos grupos de inmigrantes desembarcaron en las costas latinoamericanas y caribeñas. Durante el siglo pasado, un grupo importante de chinos ingresó al territorio costero del Perú, atraídos por ofertas de trabajo en las guaneras litorales. Empresarios les financiaban el transporte por mar y les prometían buenos salarios. Sin embargo, el costo del viaje era tan alto que terminaban siendo deudores de "por vida", es decir, esclavos. En 1876, comenzó la "crisis guanera" debido a la elaboración de fertilizantes sustitutivos. Entonces los chinos se incorporaron a las faenas agrícolas en las plantaciones azucareras, ya la construcción de vías férreas que conectan la sierra con el litoral peruano.

También en el siglo XIX ingresaron nuevos grupos de negros a Cuba. Hacia 1820, se contabilizaban 20.000 esclavos negros en esta isla caribeña, los que aumentaron a 200.000 hacia 1870. A esta inmigración se agregan 125.000 chinos de Cantón, también reducidos a la esclavitud. Ambos grupos humanos fueron los artífices de la expansión de la economía cubana derivada de la explotación de la caña de azúcar y del café. A fines del siglo XIX, generalizada la abolición de la esclavitud, las islas caribeñas de Trinidad y Jamaica introdujeron trabajadores asiáticos: indios, chinos y javaneses. Hacia 1870 una nueva oleada de inmigrantes europeos llegó preferentemente a Argentina, Uruguay y Brasil. La navegación a vapor favoreció su travesía. Eran trabajadores agrícolas italianos, españoles y alemanes; o bien, personas que salieron de países sometidos a fuertes tensiones políticas, en especial, polacos, franceses, portugueses y rusos. Muchos de ellos se dedicaron a desarrollar negocios y pequeñas industrias, otros se convirtieron en colonos agrícolas, como ocurrió en las tierras del Sur del Brasil (Río Grande, Santa Catarina y Paraná) y en el Sur de Chile (Valdivia, Puerto Varas, Puerto Montt). Aunque la inmigración europea fue apoyada por diversos Estados latinoamericanos, no siempre dio los frutos esperados. En muchos casos, las tierras entregadas a los nuevos pobladores fueron insuficientes, debido a que la oligarquía terrateniente buscó resguardar sus intereses económicos. En consecuencia, para muchos inmigrantes la gran ciudad resultó más atractiva.

En el siglo XX se han producido dos nuevas corrientes inmigratorias europeas, cuantitativamente menos significativas que la del siglo anterior. Ambas ocurrieron al término de las grandes conflagraciones mundiales. Los regímenes totalitarios europeos que surgieron tras la Primera Guerra Mundial, favorecieron la emigración de alemanes, italianos y españoles. Después de la Segunda Guerra Mundial viajan a nuestro continente nazis y fascistas en busca de refugio y anonimato. También en este siglo ha ido aumentando progresivamente el número de japoneses en Brasil, Perú y Bolivia. Así, la región boliviana del Beni (llanura del Chaco) fue transformada en una rica zona arrocera por los nipones. En las últimas décadas, han aumentado los inmigrantes coreanos del Sur y taiwaneses, los cuales se dedican principalmente al comercio (establecimientos culinarios) ya pequeñas industrias de indumentaria y accesorios (ropa deportiva, mochilas, entre otros).

 

 

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