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Primera Guerra Mundial
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Conferencia de Paz

En la conferencia de paz chocó frecuentemente con Clemenceau, y abogó por una  política de cierta conciliación con Alemania. Fue primer ministro de Inglaterra hasta 1922, y desde entonces siguió participando hasta su muerte aunque en forma menos activa, en las luchas políticas de su patria.

A las potencias vencidas les estaba vedado enviar representantes a la Conferencia, y sólo se les acordó el derecho de formular observaciones por escrito a los proyectos tratados. La Conferencia se instaló en París, en el Quai d'Orsay, palacio del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia. Su inauguración solemne se efectuó el 18 de enero de 1919, es decir, exactamente cuarenta y ocho años después de la fundación del imperio alemán, cuya suerte habría de sellar. Grandes discursos rubricaron el acto, y Clemenceau fue designado presidente de la misma.

La Conferencia resolvió que todos los problemas de la paz y del nuevo ordenamiento mundial serían considerados por una comisión o consejo supremo, constituido por los diez delegados de las cinco grandes potencias, a saber: Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña Italia y Japón. Sólo se efectuarían sesiones plenarias a pedido de los diez, o cuando fuese necesario firmar un tratado. Así, pues, virtualmente, la Conferencia no funcionó como tal, y delegó sus funciones en el Concejo de los Diez. La labor de éste se vio dificultada porque a menudo los aliados sostuvieron opuestos puntos de vista. Hubo agrias discusiones, y durante semanas enteras no fue posible llegar a nada concreto. Los Diez resolvieron entonces delegar sus funciones en la mitad de ellos, es decir, en cinco representantes. Uno de cada potencia. A su vez, estos cinco quedaron reducidos, en muchas oportunidades. A "los cuatro grandes" o a "los tres grandes".

Después de más de tres meses de rudas deliberaciones, los "grandes"  acordaron los términos del tratado de paz con Alemania, que fue aprobado a libro cerrado, en sesión plenaria de la Conferencia.

El gobierno alemán dispuso de tres semanas para formular objeciones por escrito. Las observaciones hechas apenas fueron atendidas, por lo que los alemanes formularon reiteradas protestas; pero entre aceptar el tratado o recomenzar la guerra, optaron por lo primero. La ceremonia de la f m a se realizó en el salón de los espejos del palacio de Versalles, donde había nacido otrora el imperio alemán.

Después de la firma del tratado, Wilson y Lloyd George regresaron a sus países, pero la Conferencia continuó sus tareas bajo la presidencia de Clemenceau, y acordó nuevos tratados con las demás potencias vencidas: Austria, Hungría, Bulgaria y Turquía, sobre la base del de Versalles, así como otras convenciones entre los propios aliados y entre ellos y los nuevos Estados que acababan de crearse.

 

 

  

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