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Primera Guerra Mundial
Primera Guerra Mundial
 

Guerra de las Trincheras


El sistema de trincheras se asocia íntimamente con la Primera Guerra Mundial. Especialmente en el frente occidental. En cuanto terminaron las batallas de maniobras y los beligerantes llegaron en su lucha a un punto muerto a fines de 1914, lo lógico era que los soldados se "enterraran" abriendo agujeros en la tierra. Al principio no eran más que eso, agujeros, con el complemento de sacos de arena para protegerse mejor o con un techo para crear una casamata rudimentaria.
Pero como el frente permanecía estático, se fueron mejorando gradualmente hasta que se creó un sistema muy complejo y virtualmente infranqueable.


Para fines de 1914, las trincheras del frente occidental se extendían desde la frontera suiza hasta la costa del canal de la Mancha, y aun cuando no estaban todas conectadas en una sola línea larga, sí formaban un obstáculo efectivo al ataque.
Enfrente del enemigo y protegida por alambradas de púas para evitar un ataque sorpresivo, estaba la trinchera ordinaria de primera línea, a menudo reconstrucción de los agujeros excavados al comienzo del impasse. Teóricamente debió haber sido una cuidadosa obra de ingeniería, de tres a cuatro metros de profundidad, con taludes empinados, un piso plano cubierto por una tarima de tablones de madera, y con refugios subterráneos a prueba de bombas.
Los soldados responsables por la defensa de esta estructura permanecerían en constante estado de alerta, colocando pequeños grupos de hombres afuera en la tierra de nadie, estableciendo puestos de ametralladoras para hacer fuego sobre cualquier posible vía de aproximación y manteniendo una vigilancia permanente, ya por medio de periscopios, ya por hombres colocados en "escalones de tiro" practicados en el talud de la trinchera para que alcanzaran apenas a ver por encima del borde. Los demás soldados estarían en la trinchera misma, en refugios o en plataformas de dormir excavadas en la pared. Como cada unida era responsable por un buén trecho del frente, las trincheras casi nunca estaba congestionadas, salvo cuando las tropa se preparaban para lanzarse a la carga o a llevar a cabo una patrulla en la tierra de nadie.

Líneas de comunicación

A medida que avanzaba la guerra, la primera línea de trincheras fue apoyad por líneas de reserva, que a veces se extendían cierta distancia detrás de las posiciones de vanguardia. En áreas en donde era particularmente activo el fuego de la artillería, morteros o francotiradores enemigos, trincheras de comunicación, tan profundas como las de primera línea, conectaban con la posición principal. Las líneas de reserva también eran hondas si se preparaba una retirada.
Aun así, la existencia de puestos de ametralladoras, refugios, posiciones de morteros y líneas de tiro a retaguardia, listos para ser ocupados en caso de amenaza de penetración enemiga, fue a menudo crucial para la defensa de la primera línea. En efecto, en febrero de 1917 los alemanes en el frente occidental deliberadamente se replegaron de sus trincheras de vanguardia a casamatas especialmente construidas y posiciones fortificadas varios kilómetros a retaguardia, consolidando sus defensas en la llamada
Línea Hindenburg y presentando a los Aliados una barrera mucho más sólida y difícil de romper.

Servicio en las trincheras

La vida en las trincheras era dura, sobre todo en época de lluvias continuas, como en 1916 y 1917. A cada unidad le tocaba ocupar la primera línea durante una semana, o a veces más, antes de ser relevada. No pasaba ese tiempo sentándose pasivamente a esperar un ataque enemigo, pues los jefes reconocían la importancia de mantener a la tropa activa. Las actividades variaban según la posición de la trinchera en el frente de batalla, los movimientos del enemigo, la probabilidad de una ofensiva y el espíritu agresivo de los comandantes locales.
Normalmente se esperaba que los soldados ocuparan posiciones de avanzada en la tierra de nadie, hicieran patrullaje hasta el borde de las trincheras enemigas durante la noche, cortaran las alambradas para abrir brechas, y que hicieran también patrullas de pelea para capturar prisioneros o simplemente para mantener en tensión al enemigo.

Vida de pesadilla


El resto del tiempo los soldados vivían en las trincheras, dormían, comían y trabajaban por turnos. Si aclaraba el tiempo, no siempre era desagradable, pero cuando llovía, las condiciones se deterioraban rápidamente, pues las trincheras se inundaban hasta que el agua les daba a los soldados a la cintura, o a veces las paredes se derrumbaban y el piso se volvía un barrizal, exponiendo a los hombres a diversos enfermedades. Prevalecía el "pie de trinchera", lesión muy molesta debida al frío, lo mismo que los catarros y la influenza. Contribuía a los sufrimientos de la tropa una alimentación monótona de enlatados, que no era fácil de suplementar con comidas traídas de retaguardia cuando el enemigo estaba activo. La salud y la higiene se veían amenazadas por la presencia de piojos y ratas. La amenaza perpetua o la realidad de acción enemiga empeoraba aún más la situación.

 

  

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