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Primera Guerra Mundial
Primera Guerra Mundial
 

Guerra Terrestre


Al empezar la Primera Guerra Mundial, se esperaba que la lucha seguiría una pauta conocida: la caballería iba a la descubierta para explorar y atacar blancos vulnerables del enemigo, apoyada luego por la artillería de tracción de sangre.
La artillería avanzaba, desenganchaba y disparaba granadas de metralla a quemarropa, lo cual preparaba el camino para la infantería armada de fusiles y bayonetas.
Se habían hecho algunos experimentos, especialmente en Francia, de concentración de piezas de artillería de campaña para lograr mayor impacto. Se tenía también bastante experiencia de guerras pasadas para sugerir que no eran probables esas batallas fluidas, pero las ideas militares no son fáciles de cambiar. Esto generó desconcierto, pues si bien hubo unas pocas batallas de movimientos en 1914, pronto cedieron a un estancamiento de la lucha, dominado por los efectos de la ametralladora.
Disparando desde posiciones escondidas, las ametralladoras frustraban las cargas de infantería, diezmaban las unidades de caballería y obligaban a la artillería a retirarse fuera de su alcance. Pronto surgió el fenómeno del "campo de batalla vacío", en el cual ningún soldado se atrevía a asomar las narices a nivel del terreno, como no fuera en un ataque formal bien preparado.
El papel de la artillería Entonces la guerra asumió una nueva pauta, en la que los ejércitos trataban de buscar algo que fuera efectivo contra la ametralladora. En la artillería, los comandantes exploraron el potencial del fuego concentrado -las "cortinas"- dirigido desde detrás de las líneas contra las posiciones enemigas antes de atacarlas.
Piezas de campaña, como el cañón francés de 75 mm, el alemán de 77 mm y el inglés de 18 libras, tirados por caballos, se enterraban. Su falta de visibilidad se compensaba enviando oficiales de observación, que informaban por teléfonos portátiles para rectificar el tiro.
Se agregaron luego muchos obuses, diseñados para disparar por elevación granadas contra blancos invisibles.
La mayoría de los obuses era de 155 mm, aunque los alemanes desplegaron algunos hasta de 420 mm. Eran servidos por cuadrillas de 100 hombres y podían disparar una granada de 1 000 kg a una distancia de 14 km. Calculando el peso del proyectil, la presión atmosférica y los efectos del tiempo, se lograba más precisión.
Observaciones aéreas o con globos ayudaban a afinar la puntería. En 1916 no era raro un bombardeo de 2000 cañones y obuses que durara días enteros antes de lanzar un ataque de infantería. Pero los resultados eran con frecuencia una desilusión. Los soldados enemigos evitaban los efectos refugiándose bajo tierra.
Algunos sufrían de "neurosis de guerra" cuando los bombardeos eran muy prolongados.
El gran peso de la lluvia de proyectiles revolvía el terreno en la tierra de nadie convirtiéndolo en un cenagal, y las defensas de alambre de púas casi nunca se destruían.

La invención del tanque


Se necesitaba algo más para romper el empate. A nivel táctico se ensayaron armas nuevas. Se emplearon morteros de trinchera, lanzallamas, rifles de francotiradores, granadas de gases y hasta ataques aéreos, pero con poco éxito. Lo que se necesitaba era algo que pudiera cruzar fácilmente la tierra de nadie.
Los ingleses fueron los precursores para crear esa máquina, que al principio se llamó "nave terrestre" y después "tanque" porque los primeros ejemplares se despacharon a Francia disimulados como "tanques de agua". Era un vehículo de forma romboide, que rodaba sobre orugas, protegido por blindaje de acero, para cruzar las trincheras. Debía abrir paso a la infantería aplastando las alambradas, desbaratando los nidos de ametralladoras y forzando al enemigo a salir. Poco después, se dota ron de armamento más ofensivo para producir una arma de gran potencial.
En 1916 el tanque Mark, de 7.70 m de largo y 27 toneladas de peso, protegido con blindaje de 12 mm, era un monstruo formidable. Avanzaba a una velocidad de 6 km/h y disparaba cañones de 6 libras o ametralladoras. En la práctica, el verdadero potencial del tanque no se comprendió hasta que se desligó de su papel de apoyo a la infantería.
Cuando apareció apoyado por la potencia aérea, tocó a su fin la era de la dominación del campo de batalla por la ametralladora. Una vez más se hizo posible la guerra de movimientos.
 

  

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