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LEGADO GRIEGO
 

Colonización Griega

Índice

Causas
Consecuencias
Unidad cultural

Generalidades. Los territorios ocupados por los griegos comprendían la Hélade, las islas del Egeo y la costa del Asia Menor. Durante los siglos inmediatamente posteriores a la invasión de los dorios (X y IX a. C.), los griegos permanecieron en esa región, dedicados casi exclusivamente te a sus ocupaciones agrícolas y ganaderas. Pero gradualmente cambiaron sus costumbres: se hicieron navegantes y empezaron a competir en el tráfico marítimo con los fenicios que, entonces, monopolizaban el comercio naval del Mediterráneo.

A partir del siglo VIIl a. C. se lanzaron, como los fenicios, a colonizar las costas del Mediterráneo, desde el mar Negro hasta el estrecho de Gibraltar, extendiendo así la civilización griega.

Este movimiento de colonización del Mediterráneo, que había de transformaren todos sus aspectos la vida griega, se produjo en el correr de los siglos VIII, VII  y  VI a. C., uno de los períodos más interesantes de la historia de los helenos.

Causas de la colonización

La segunda colonización griega; circunstancias políticas y necesidades que la impulsaron. Una de las causas más importantes del movimiento colonial fue la densidad excesiva de la población, que habitaba en un suelo sumamente pobre. La población había ido aumentando desde la época de las invasiones, y la subsistencia humana en una tierra como la griega, de escasos recursos, se tornó difícil.

Por otra parte, las tierras estaban acaparadas por las familias nobles que, lejos de facilitar su división, se empeñaban en concentrar la mayor cantidad posible de tierra, oprimiendo a los pequeños propietarios. De aquí la necesidad para los trabajadores rurales de buscar nuevas comarcas en las que establecerse. Otra causa que influyó sensiblemente en la colonización fue la situación política. Dentro de las ciudades, cuyo gobierno en este período estaba monopolizado por la nobleza, había luchas constantes, unas entre facciones nobiliarias, otras, entre los nobles y las demás clases sociales. Estas luchas, sangrientas y crueles, impulsaron a los vencidos a alejarse de su país para fundar, en otra parte, una nueva patria que les fuera más generosa y más propicia.

Una tercera causa fue el progreso de la navegación. En esta materia los griegos fueron buenos discípulos de los fenicios, cuyo estilo de barcos imitaron, para superarlo después con la invención del trirreme, barco con tres puentes de remeros que empezaron a usar los corintios a mediados del siglo VIII a. C. Al principio, el mar atrajo a los griegos como teatro de piratería, pero gradualmente se dedicaron más intensamente al comercio, hasta entonces en manos de los fenicios. Éstos no pudieron oponer gran resistencia a sus nuevos rivales, porque en esta época, los asirios los acosaban en sus tierras. Tiro, la gran metrópoli fenicia, conquistada por los asirios, perdió su poderío en beneficio de los griegos.

Conquista de las costas oriental y occidental del Mediterráneo. Una de las primeras zonas colonizadas por los griegos fueron las costas de Macedonia y el norte del mar Egeo, donde fundaron numerosas colonias como Olinto y Potidea en la región llamada Calcídica.

Después colonizaron la ruta de los estrechos que, a través del mar de Mármara,  conducen al mar Negro. Así establecieron colonias como Sestas y Abydos a la entrada del Helesponto (Dardanelos); Cízico, en el mar de Mármara; Bizancio, centinela del Bósforo. Esta última ciudad, fundada por Megara hacia el 660 a. C. se convirtió en riquísima ciudad mercantil. Finalmente, el mar Negro fue el nuevo vasto escenario de la colonización. Para los griegos del Egeo fue una gran aventura penetrar en aquel mar para ellos inmenso, sin islas, azotado frecuentemente por fuertes tempestades. Pronto se adaptaron al nuevo ambiente marino, como lo expresa el nombre de mar

Hospitalario (en griego Ponto Euxino) que dieron al mar Negro. Las colonias griegas del Ponto Euxino: Odesa, Tanais, Panticapea, Quersoneso, Fasia, Sínope y Heraklea, fueron principalmente factorías rurales exportadoras de cereales en gran escala. Explotaban, además, la pesca, especialmente la del atún. El desarrollo agrícola de estas colonias hizo del mar Negro el granero del mundo griego. Por el sur del Mediterráneo oriental no hubo casi expansión griega, pues fue detenida allí por los grandes estados orientales de Asiria y Egipto. Sin embargo, los griegos colonizaron parte de la isla de Chipre, y fundaron, en la región del delta del Nilo, previa concesión de los faraones, la ciudad de Naucratis. También colonizaron en la costa africana, al oeste del Egipto, frente a la Hélade, la región de Cirenaica (Libia).

 Hacia el occidente, la expansión griega fue asimismo vigorosa y eficaz. Las costas del oeste de la Hélade distan apenas 70 km del taco de la bota italiana. Ésta fue la primera zona  de penetración. De ahí siguieron a Sicilia, en la que sólo ocuparon la región oriental, pues en la otra porción de la costa dominaban los cartagineses.

  Las primeras colonias griegas en el sur de Italia datan de] 750 a. C. Un siglo después se extendían, como un festón costanero, desde el golfo de Tarento hasta el golfo de Nápoles. Por e] clima, las producciones, el paisaje, esta región repetía, con ventajas, los rasgos geográficos de Grecia.

Allí fundaron infinidad de ciudades. Entre las más importantes estaban Síbaris, Crotona y Tarento, en el golfo de este nombre; Mesina y Siracusa en Sicilia; Paestum, Neapolis (Nápoles) y Cumas en la costa del mar Tirreno. El sur de la península italiana y Sicilia se convirtieron, así, en una nueva Grecia, a la que se llamó más tarde Magna Grecia.

Más hacia el oeste de] Mediterráneo, los griegos se establecieron en el sur de la actual Francia, donde los colonos de la ciudad jonia de Focea fundaron Massilia (hoy Marsella), cuyo comercio se desarrolló rápidamente, pues dominaba toda la zona del valle del Ródano. Massilia fundó, a su vez, otras ciudades en la costa cercana: Nikaia (actual Niza); Antípolis (actual Antibes); Monekis (actual Mónaco), etc.

En las costas de lberia (España), ricas en minerales de plata y en lana, los griegos no pudieron extenderse mucho debido a la competencia de los establecimientos fenicios, en particular de Gades (Cádiz).

La zona preferida de colonización helénica en el Mediterráneo occidental fue, pues, el sur de Italia. En todos los otros sectores del occidente no pudieron  desplazar a la poderosa Cartago, cuyas flotas dominaban las aguas del Mediterráneo, desde Sicilia hasta Gibraltar.

Principales ciudades colonizadoras. La colonización fue un movimiento general en que tomaron parte casi todas las ciudades griegas. Pero, naturalmente, las que se distinguieron más en la actividad colonial fueron las ciudades más pobladas y de mayor desarrollo comercial que poseían, por ello, los elementos necesarios para la realización de la empresa colonial: emigrantes decididos y ya iniciados en los viajes marinos, navíos en abundancia; pilotos, capitanes, marinos y recursos.

Dos ciudades marcharon a la cabeza del movimiento colonizador: Mileto y Focea, ambas de la región de Jonia, en la Grecia asiática.

Mileto fue la gran colonizadora del Ponto Euxino, donde estableció más de,  ochenta factorías que la surtían de cereales, maderas, esclavos y pescado. Focea, en cambio, expandió su comercio en el Mediterráneo occidental, especialmente en Sicilia, Córcega, el actual territorio francés y la península ibérica.

Los focenses fueron los más audaces marinos de su época. Su actividad colonizadora fue, sin embargo, un poco desordenada, pues debido quizá a su escaso número buscaron más bien sacar inmediato provecho material de sus viajes en lugar de fundar colonias y mantener con ellas relaciones constantes.

En las islas del Egeo hubo, también, importantes focos colonizadores. La isla de Eubea fue uno de ellos, y dos de sus ciudades, Calcis y Eretria, participaron activamente en la colonización de la zona septentrional del Egeo.

En la península griega, las grandes ciudades comerciales y colonizadoras fueron Megara y Corinto, beneficiadas las dos, de modo extraordinario, por el dominio estratégico que su situación en el istmo de Corinto les daba sobre las rutas marítimas que unían al Oriente con el Occidente. En cuanto a Atenas, que habría de convertirse más tarde en la reina del Egeo (siglo Va. C.), quedó al margen del proceso colonial de esta época, pues su desenvolvimiento económico y su poderío político comenzó a partir del siglo VI a. C.

Relaciones entre colonias y metrópolis. Las colonias griegas fueron ciudades completamente independientes de la ciudad fundadora o metrópoli. Existían entre ambas una serie de vínculos, religiosos, culturales y, a veces, económicos; pero en el terreno político no había subordinación sino independencia. La colonización no engendró, pues, imperios marítimos, sino que aumentó los numerosos pequeños estados en que se dividía el mundo griego.

Consecuencias de la colonización

La navegación, el comercio, las industrias. La expansión por el Mediterráneo favoreció el desarrollo de la navegación: los griegos revelaron notables condiciones de navegantes, construyeron barcos más rápidos que los usados por los fenicios. Ellos fueron, como ya se ha señalado, los inventores de los barcos llamados trirremes, impulsados por tres filas de remeros distribuidos en puentes superpuestos.

La colonización griega estimuló el comercio de modo extraordinario y, como necesaria consecuencia, la industria progresó considerablemente. El comercio griego conectó los puntos más apartados del Mediterráneo. Las colonias próximas a las regiones pobladas por pueblos bárbaros se convirtieron en mercados de gran movimiento, en los cuales los griegos adquirían los productos naturales del lugar, lanas, minerales, pieles y entregaban, en cambio, los productos de su industria, armas, utensilios de metal, joyas, vasos pintados, tejidos, etc.

 La unidad cultural del mundo griego

La colonización amplió, de modo extraordinario, la extensión del mundo griego, multiplicando a 10 largo' de las costas del Mediterráneo el número de pequeños estados helenos independientes.

Pero, en cambio, consolidó los lazos espirituales de unión entre todos los griegos, pues el contacto con pueblos de razas y costumbres diferentes fortificó, en ellos, la conciencia de su comunidad de civilización. Por eso, no se mezclaron con las poblaciones indígenas, a las que indistintamente aplicaron el calificativo de "bárbaros". No sufrieron ninguna influencia local. Conservaron la pureza de su lengua. Su religión, sus costumbres, sus ideas siguieron siendo siempre esencial y profundamente helénicas. Un griego de Massilia, o de Cirenaica, en nada se diferenciaba de uno de Atenas o de Corinto. Una íntima unión cultural, un sentimiento poderoso de helenismo existió, pues, por sobre las diferencias políticas que separaron a las ciudades griega

 

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