Minisitios Medíateca

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Educación en Grecia

 

La escuela y el gimnasio
La educación, como un desarrollo armónico de todas las potencialidades positivas del hombre, ha sido otro de los aportes más significativos de los griegos al mundo occidental.
El ciudadano ateniense basaba la perfección humana en la belleza física externa, armonizada con la bondad interior. La educación era un fiel reflejo de ello.
Los niños permanecían con sus familias hasta los siete años. Después, debían acudir a la escuela acompañados por el pedagogo, habitualmente un esclavo. El pedagogo se limitaba a llevar al niño diariamente de la casa a la escuela. Allí, bajo la dirección del preceptor o maestro, los pequeños aprendían a leer y escribir.
Un aspecto importante de la educación era la música. El niño asistía a las clases del citarista, que le enseñaba a tocar la cítara y adaptarse al ritmo musical. La música y la literatura eran dos aspectos a los que los atenienses atribuían mucha importancia por su función formadora del espíritu y de la sensibilidad. Los poemas homéricos eran la base de la enseñanza: los alumnos debían aprender de memoria extensos trozos de estos libros. El heroísmo, el amo a la patria, el sentido de la amistad, eran virtudes analizadas a través de su lectura y debían constituir ideales de vida de los atenienses.
Cuando el joven tenía más edad, ingresaba al gimnasio con el fin de desarrollar sus cualidades físicas, a las que los atenienses daban un especial relieve. La mayor preocupación por la educación física comenzaba a los 14 años. Los jóvenes realizaban sus ejercicios físicos bajo la dirección de un maestro especial. Mente sana en cuerpo sano era el ideal educativo de los griegos, para lograr una armonía entre
el desarrollo del espíritu y del cuerpo.

El liceo y la academia
La educación superior llegó a alcanzar en Atenas un brillo extraordinario, con escuelas tan famosas como la Academia, en que enseñaba Platón, o el Liceo, a cargo de Aristóteles. Así, el ciudadano ateniense conocía las posibilidades del razonamiento y de la oratoria, al tiempo que se convertía en un atleta consumado y en un entusiasta de las artes. La educación de la mujer era muy diferente. Sólo recibía la que se le otorgaba en el hogar. Vivía recluida en el gineceo, segundo piso de la casa; se desarrollaban en ella las virtudes domésticas y se la preparaba para el matrimonio.