La Edad Media se extiende entre los siglos V y XV; es imposible suponer que durante estos casi mil años de historia, el mundo medieval haya presentado las mismas características. Más bien, la complejidad de los procesos que se desarrollaron durante el período hace necesario establecer etapas que den cuenta de los cambios y permanencias que dieron forma al medioevo. La historiografía suele distinguir una Alta Edad Media, entre los siglos V al X; y una Baja Edad Media, entre los siglos X y XV.
Dentro de cada una de estas grandes etapas, es posible prolongar procesos asociados a la decadencia del Imperio Romano hasta el siglo VIII, por lo que constituye una etapa de transición entre la germanización del mundo romano y la plena construcción del mundo medieval. Asimismo, es posible distinguir características que permiten hablar de una Plena Edad Media, entre los siglos XI al XIII.
Aún con esta periodificación, es difícil establecer características generales reconocibles en todo el espacio geográfico de la Europa medieval, y muchos procesos que se asocian a sus distintas etapas, en algunas áreas del mundo medieval no se desarrollaron o lo hicieron de forma tardía. Esto da cuenta de la enorme complejidad del período y del desafío que implica su estudio para los historiadores.

Los grandes procesos que caracterizan el mundo medieval
Si bien es difícil establecer generalizaciones, en el desarrollo histórico de la Europa medieval es posible reconocer procesos que le dan una coherencia. Estos procesos permiten seguir el devenir del mundo medieval y comprender cómo fue configurándose la realidad cultural, social y política europea.
La cristianización del mundo. Para el siglo V, el Imperio Romano ya se había hecho cristiano y el bautismo del rey de los francos, Clodoveo, el año 490 marcó el comienzo de la cristianización de los pueblos germanos. La cristianización implicó un largo proceso de difusión de un credo, la creación de una institucionalidad y la implantación de un sistema religioso, que con el correr de los siglos, impregnó las estructuras sociales y todos los ámbitos de la vida cotidiana en el medioevo. Al mismo tiempo, la Iglesia católica se constituyó en una fuente de poder capaz de legitimar los gobiernos de reyes y emperadores e incluso de rivalizar con ellos en el ejercicio del gobierno.
La conformación de reinos. Tras la caída del Imperio Romano, se desarrollaron en Europa gobiernos de tipo monárquico. Las monarquías medievales debieron enfrentar por siglos el contrapeso que su poder tenía en la nobleza terrateniente y buscaron diferentes medios para fortalecer la autoridad real. La evolución política hacia una administración centralizada marchó en paralelo con la consolidación de asambleas generales –cortes, parlamentos o estados generales– en las que estaban representados los distintos estamentos del reino.
Estos pasos constituyeron un avance definitivo hacia las monarquías nacionales de corte absoluto que se desarrollarían después en Europa.
La ruralización de la vida. Durante gran parte de la Edad Media, Europa fue una sociedad de guerreros y campesinos, en la que las actividades económicas no relacionadas con el campo tuvieron poca importancia. Occidente fue durante este tiempo un mundo de aldeas, dominado por un orden feudal. Las ciudades existentes carecían de significación económica y eran ante todo centros de administración civil o eclesiástica. En los últimos siglos medievales, esta situación comenzó a revertirse, gracias al resurgimiento de las ciudades y de las actividades económicas que se desarrollaban en ella: el comercio y la actividad artesanal.
Una rica tradición cultural. La cultura medieval se nutrió de raíces grecorromanas, integrando el legado de las culturas clásicas con otras culturas, como las germánicas y la islámica o musulmana. La cultura medieval estuvo profundamente vinculada al mundo cristiano, y la creación intelectual buscó armonizar la fe y la razón, recogiendo la tradición de la filosofía clásica. Con el nacimiento de las universidades y el resurgimiento de las ciudades, se fueron estableciendo nuevos espacios culturales, más allá de los monasterios, que por siglos concentraron el quehacer cultural. Se desarrollaron las lenguas vernáculas, a través de las cuales comenzó a difundirse una cultura de carácter secular y nacional.